A veces la autoexigencia nos arrastra sin que nos demos cuenta, olvidándonos de nuestros propios tiempos y necesidades. Soltarla no significa dejar de hacer —a veces sí—, sino reconocer cuándo el bucle nos está atrapando, darnos un respiro y ser más compasivas con nosotras mismas.
La semana pasada tenía pensado enviar un email que había escrito en pleno estado de desbordamiento sobre la autoexigencia, sobre los tengo que que yo misma me autoimpongo.
No hubo manera de enviarlo: justo al día siguiente de escribir el borrador me levanté con una rigidez bestial de cuello y hombros que me dejó fuera de combate durante cuatro días.
Durante ese tiempo de reposo obligatorio, y a pesar de mi poca claridad mental por los relajantes musculares, analicé el proceso que me había llevado a encontrarme así una vez más.
Y es que esa situación no era nueva para mí. Se repite cíclicamente, y me he dado cuenta de que tiene sus fases:
Fase 1: Me obsesiono con que tengo que hacer algo, normalmente condicionada por opiniones ajenas de que eso es lo que tiene que hacerse y obviando que, cuando sigo la corriente, soy incoherente conmigo misma.
Fase 2: Invierto toda mi energía física, mental y emocional en llevar a cabo ese algo, a menudo sin obtener el resultado esperado porque mi perfeccionismo mal gestionado me dice que nunca está del todo bien.
Fase 3: Durante el proceso me olvido de mí, de mis horarios, de mi descansos, de salir a caminar, de hacer yoga. Entonces llega el burnout, la culpabilidad por descuidarme y el desbordamiento emocional.
Fase 4: Somatizo toda esa rigidez y mi cuerpo se tensa, forzándome a parar con dolores de cabeza, contracturas o bloqueos musculares premium como el de la semana pasada.
Fase 5: Al estar obligada a descansar recapacito, reconozco mi autoexigencia y me prometo a mí misma que a partir de ahora voy a anteponer mi bienestar a cualquier cosa.
Y vuelta a empezar. En bucle.
¿Resuenas con esto que te cuento?
Quizá si tu Luna está en un signo de tierra, especialmente en Virgo o Capricornio, o si Saturno es un planeta relevante en tu carta natal, puede que la autoexigencia y el perfeccionismo ocupen más espacio en tu vida del que te gustaría.
Pero, aunque el camino del crecimiento personal no es lineal y a veces hay retrocesos, estoy convencida de que es posible romper ese bucle. Que puedes reconocer esa autoexigencia, ese perfeccionismo, y conscientemente elegir anteponer tu bienestar a todo lo demás.
Y ojo, no digo que sea sencillo, pero se me ocurre que puedes (que puedo) empezar por:
→ Prestar atención a la más mínima señal de agotamiento o ansiedad que surja ante un nuevo desafío. Detente a evaluar por qué te hace sentir así y si hay una manera más saludable y sostenible de abordarlo.
→ Confiar más en tu intuición y no dejarte llevar por lo que se supone que tienes que hacer. Si algo en tu interior te dice que por ahí no es, hazle caso y al menos cuestiona eso que crees tan ciegamente.
→ Poner conciencia en eso que no te gusta de ti desde la compasión hacia ti misma, nunca desde la culpa. Repítete que, a pesar de ello, te aceptas y te abrazas, porque tus sombras también forman parte de ti.
→ Enfocarte en aquello que sí te gusta de ti. Recrea más a menudo la sensación que te produce pensar en esa versiones de ti de las que estás más orgullosa, que seguro son muchas.
Reflexionar sobre esto me hace recordar lo que ya sé y a menudo se me olvida cuando me dejo arrastrar por la vorágine: la salida es hacia dentro.
Gracias por ser, estar y querer brillar.
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