Las creencias que te repites pueden volverse un uniforme invisible que limita quién eres y cómo te habitas. Pero siempre puedes soltar ese traje rígido y abrir espacio para nuevas formas de ser, más libres y auténticas.
¿Cuál era tu juguete favorito de niña? Yo me recuerdo muchas tardes después del colegio entretenida con las muñecas recortables.
Eran unas láminas que contenían la ilustración de una niña en ropa interior y distintos atuendos —outfits en moderno— con unas tiras para poder ajustarlos a su cuerpo. Solo tenías que recortar y empezar a jugar.
Según la vistiera, mi mente volaba a escenarios imaginarios con ella como protagonista. Un día estaba lista para deslizarse en trineo colina abajo. Otro, para cabalgar bien equipada junto a un prado de amapolas. Lo que más me gustaba era mandarla a Japón con su traje de geisha.
Ya ves que no había ni una sola prenda de fondo de armario. Antes muerta que sencilla.
La muñeca era siempre la misma, pero podía elegir una nueva aventura para ella simplemente cambiando su indumentaria. Tan fácil como aflojar unas tiras y ajustar otras.
Ahora imagina que tú eres esa muñeca y que los trajes son las creencias que tienes sobre ti. ¿Con cuáles te vistes más a menudo?
¿Tu outfit estrella quizá combina un «soy inconstante» con un «las otras lo hacen mejor que yo» y completas el look con un «jamás lo conseguiré»?
Ya me dirás qué aventura te puede esperar con semejante combinación.
El problema es que este tipo de creencias se funden en tu piel hasta tal punto que las consideras parte de tu identidad. El traje se convierte en tu uniforme. Y lo vistes cada día porque no te sientes tú si no lo llevas puesto.
Entonces dejas de buscar en tu ropero otras prendas que te queden mejor porque, aunque el uniforme no te hace ningún favor, es más cómodo no tener que pensar en qué ponerte.
Déjame recordarte que tu armario está lleno de opciones.
Que ya es hora de darle puerta a ese uniforme gris que te aprieta.
Que rebuscando puedes encontrar colgado en tu perchero un favorecedor «me quiero y me acepto aquí y ahora» de una pieza que combine a la perfección con ese «avanzo segura a mi ritmo» olvidado en tu zapatero.
Que puedes ponerte otros trajes y elegir tu propia aventura.
Y eso es algo que una lectura de carta natal te ayuda a ver con más claridad cuando entiendes…
→ Que no eres eso o aquello que piensas. Puedes dar espacio a otras versiones de ti si dejas de identificarte solo con quien crees que eres.
→ Que tus posibilidades son múltiples. Y poder ser consciente de ellas es el primer paso para permitir que se desplieguen en tu vida.
→ Que puedes habitarte desde lugares más luminosos. Arrojar luz sobre tus sombras te da la opción de elegir desde dónde quieres vivirte.
Y, sobre todo, que puedes cambiar de traje tantas veces como lo necesites hasta que encuentres aquel con el que correrías todas tus aventuras.
Aquel con el que te sientas muy tú.
Gracias por ser, estar y querer brillar.
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