Una de las cosas que me gusta hacer para relajarme es cocinar. Como no soy de seguir las recetas al pie de la letra, es un momento de libertad creativa que me lleva a poner la atención en mis cinco sentidos y olvidar temporalmente mis bucles mentales.
Suelo improvisar cambiando algún ingrediente, añadiendo alguna especia y bailando con las medidas. Haciendo gala de mi
ascendente Cáncer, cocino a ojo,
guiada por mi intuición. Y he de decir que, oye,
ni tan mal.
En la vida me pasa un poco lo mismo. Me topo continuamente con miles de fórmulas infalibles para casi cualquier cosa. Desde cómo ser más productiva para tratar de abarcar lo inabarcable hasta cómo dejar de serlo para no volverte loca intentándolo.
Sin embargo, y aunque me considero una persona con amplitud de miras, cada vez soy más consciente de que no hay recetas que sirvan a todo el mundo. Sencillamente, porque cada persona es un universo.
Y no lo digo a la ligera, como una frase más hecha. Es algo de lo que estoy plenamente convencida desde que la astrología llegó a mi vida.
Somos tan maravillosamente únicas en nuestra esencia y en la forma de desplegar nuestro potencial energético, que reducirnos a vivir de acuerdo a pautas establecidas por otras personas se me antoja imposible sin caer en una indigerible incoherencia interna.
Por eso llevo ya un tiempo sin frustrarme por no ser capaz de seguir recetas —del tipo que sean— prescritas por otras personas. He decidido no hacerlo porque son sus recetas. No las mías.
Y te aseguro que eso me ha llevado a evitar comparaciones innecesarias que lo único que hacían era, volviendo a la jerga culinaria, retrasar mi cocinado.
Lo que ahora hago es observar curiosa, cuestionarlo todo y elegir quedarme solo con aquellos ingredientes que, mezclados con los míos, encajen en mi propia receta.
Una confeccionada con un paso a paso a mi medida y una mise en place deliberadamente imperfecta.
Una que me permita experimentar con nuevos sabores y jugar con métodos y tiempos de cocción flexibles.
Una que incluya un toque de improvisación, una pizca de intuición y, sobre todo, bien de esencia. Mi esencia.
La receta perfecta acorde a quien soy, a lo que necesito y a lo que a mí me funciona.
No digo que sea fácil dar con ella: hay que remangarse, ponerse el delantal y tener paciencia en el proceso de conocerse a una misma. No se me ocurre otra forma de dar con los ingredientes adecuados para elaborar tu plato estrella: tu vida.
Pero si lo haces, puedes estar segura de que disfrutarás saboreando hasta el último bocado.
Gracias por ser, estar y querer brillar.